Coaching para la transición

Tras 18 años de trayectoria que podría calificarse de exitosa según los tradicionales parámetros de ascensión en rango y salario y una buena proyección de futuro en la compañía decidí cambiar de rumbo. Dieciocho años dan para mucho, en ese tiempo viví las mieles, pero también las hieles de trabajar en una multinacional, con todo lo que eso implica. Sin darme cuenta me había dejado llevar por la vorágine diaria de una gran empresa: el ritmo frenético, la presión, los viajes, las reuniones, los mails, el teléfono… sin tomarme tiempo para pensar hacia dónde iba y, sobre todo, hacia dónde quería ir.

Necesitaba algo más. Una vez tomada la decisión de marcharme, opté por quedarme sólo con lo bueno, que fue mucho, y mirar hacia adelante. Buscar un proyecto que me llenara más allá del aspecto económico, de alimentar mi ego por tener cada vez más responsabilidad y visibilidad y de la satisfacción de obtener buenos resultados y del trabajo bien hecho.

Saltar de esa locomotora en marcha que es una gran empresa sin saber qué habrá al caer da mucho vértigo. Ese momento de transición es complicado si no tienes una vocación clara de toda la vida, como era mi caso. No sabía muy bien qué quería, pero lo que tenía clarísimo era lo que no quería. Unos años antes había pensado en dedicarme al Coaching, pero lo había descartado porque no tenía la madurez para ver más allá de esos falsos parámetros de éxito y para mí era impensable bajarme del tren. Pero entonces sí que lo vi claro, quería ser Coach. Me ayudó mi hermana. Me puso en contacto con una amiga que me contó en más profundidad qué es Coaching y eliminó de un plumazo los prejuicios que tenía sobre la profesión debido al intrusismo y a los vendedores de humo. Esa conversación fue el empujón definitivo que necesitaba para saltar. Me encantó lo que me contó, pero lo que definitivamente me convenció fue la pasión con que lo hizo. ¡¡Y salté!!

Después de un año y medio dedicándome al coaching entiendo la pasión que me transmitió y soy feliz al poder decir que la comparto y que quiero seguir en este camino.

He vivido el trabajo en una gran compañía industrial siendo mujer, las luces y las sombras de tener una carrera ascendente, el vértigo de tomar la decisión de saltar, la incertidumbre de lo que vendría tras el cambio de rumbo, la emoción de mirar al horizonte viendo un futuro que me ilusionaba y ahora estoy viviendo y disfrutando de esta nueva etapa profesional en la que me siento feliz y satisfecha por ayudar a otras personas a hacer esa transición, a ver las cosas con otra perspectiva, a encontrar su visión, a desarrollarse y mejorar en aquello que se propongan y, sobre todo, a ser más felices.



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