Preguntas de un coach a Putin

Desde que Putin apretó el botón de la guerra me ronda un pensamiento:

¿Qué le preguntaría en el caso hipotético, por no decir utópico, de tenerle enfrente como cliente en una sesión de coaching?

Asumiendo que su ego (enfermo, en mi opinión- aunque los coaches tenemos que dejar a un lado nuestra opinión) le permitiera tomar la decisión de pedir ayuda, lo primero que tendría que hacer es asegurarme de que está frente al profesional adecuado, ya que en caso de duda debemos derivar al cliente a un profesional de la salud mental. En este caso tengo claro que eso es lo que habría que hacer, pero voy a seguir fabulando y pensando que no fuera así…

Lo segundo que tendría que hacer es deshacerme de mis prejuicios para tratar de enfocar las preguntas con la mayor objetividad posible. Esto sin duda supondría un gran reto para mí, tratándose de un megalómano que se ha puesto al mundo por montera y es capaz de arrasar con todo, incluso con los suyos, siguiendo los dictados de su ego enfermo (otra vez mis juicios, lo retiro 😉).

Creo que me resultaría tremendamente complicado mantener la cabeza fría y tener presentes todas las “Competencias Clave del Coaching” de ICF. Pero entre todas, en este caso, la que más me costaría sería, sin duda, “Provocar conciencia” que se define así:

“Facilita el entendimiento y el aprendizaje de cada cliente mediante el uso de herramientas y técnicas como preguntas poderosas, silencio, metáforas o analogías.”

Centrándome en los que consideraría más retadores como coach en este caso en particular, de los puntos en los que se desglosa esta competencia, me pregunto cómo los afrontaría yo y en todos mi respuesta empieza por un “tal vez…”:

Desafía al cliente como una forma de provocar conciencia o entendimientos”.

…empezaría por mostrarle la foto de la vía Láctea (sin el texto) y le preguntaría qué le sugiere.

“Hace preguntas que ayudan al cliente a explorar más allá del pensamiento actual”.

…le invitaría a ponerse en el lugar de los que él considera sus enemigos y desde ahí le preguntaría.

“Ajusta el planteamiento de coaching en respuesta a las necesidades del cliente”.

…tendría muy presente que tengo enfrente a un megalómano (perdón) con mucho poder y trataría de llevar la sesión de forma que su ego no se sintiera herido, pero de igual a igual para no perder su respeto, si es que puede tenerlo por alguien (perdón otra vez 😉).

“Invita a generar ideas sobre cómo pueden avanzar y lo que están dispuestos o son capaces de hacer”.

… le invitaría a ponerse en el lugar de la persona a la que más ha querido en su vida, imaginársela en el bando contrario y pensar qué le pediría que cambiara.

“Apoya a reencuadrar perspectivas”.

… después de haber hecho una exploración profunda y haber puesto en práctica los puntos anteriores (no necesariamente por este orden), volvería a mostrarle la foto de la Vía Láctea y a preguntarle por lo que ve ahora.

“Comparte observaciones, entendimientos y sentimientos, sin apegos, que tienen el potencial de crear un nuevo aprendizaje para el cliente”.

Aquí quito el “Tal vez…”. Hacerlo sin apego me resultaría imposible y esto me devuelve de un plumazo a la realidad.

Sé que todo lo anterior es una fábula, llena de hipótesis imposibles, pero soñar es gratis. Y es mejor soñar, sobre todo cuando al despertar sólo se escuchan las bombas.



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