Dos mundos, una sola vida

A menudo caemos en la ilusión de pretender separar vida profesional de vida personal. La búsqueda de la conciliación nos lleva a ver ambos mundos como mundos paralelos que no deben mezclarse y eso, lejos de ser algo positivo, puede ser un problema a la hora de hacer cambios de calado en nuestras vidas.

Una cosa es concentrar nuestra atención en uno u otro mundo durante ciertas horas del día, tratando de minimizar o eliminar los contactos y las interrupciones del otro, y otra que podamos separarlos de forma radical en nuestro fuero interno. Los problemas profesionales pueden afectar a nuestra vida personal y viceversa. Y, aunque no afectaran, lo que sí hacen sin ninguna duda es influir.

Darnos cuenta de que ambos mundos se tocan y nosotros somos la intersección es un gran paso. Si nos preguntaran, seguro que la mayoría de nosotros asociaría el deporte a la vida personal. Pero, ¿qué sería de nuestro bienestar sin el deporte? Y ¿en qué se traduciría eso en nuestra vida profesional?

Es por eso por lo que me encanta hablar de Coaching Integral. No se trata de coaching personal o profesional, sino de avanzar y evolucionar teniendo presentes todas las facetas de nuestras vidas.

Tradicionalmente, el punto de partida para los procesos de Coaching Ejecutivo han sido los objetivos que busca la empresa para mejorar el desempeño del trabajador y, por ende, la cuenta de resultados. Esa mentalidad ha ido evolucionando y, bien sea por una visión puramente mercantilista (un trabajador contento me va a dar lo máximo posible y eso se reflejará en los resultados) o más humana (interés genuino por el bienestar de los empleados que, además, se traducirá en mayor implicación y un mejor desempeño) la buena noticia es que cada vez se demanda más el enfoque integral en los procesos de coaching.

Durante los 4-6 meses que dura el proceso, el cliente trabaja los temas clave definidos por la empresa y consensuados con él. Pero también otros aspectos de su vida que quiere abordar para acercarse a su mejor versión. Es trabajo del coach ayudar al cliente a tener una visión con mayor perspectiva que integre ambos mundos.

En muchas ocasiones ocurre lo mismo en los procesos de Life Coaching. Los clientes llegan pensando que quieren cambiar determinados aspectos de su vida personal y durante el proceso descubren que abordar cuestiones del ámbito profesional les puede ayudar a acercarse a sus objetivos vitales.

Dos mundos, una sola vida.

Dos temas muy presentes en la mal llamada sociedad del bienestar son la ansiedad y el estrés. Una olla a presión que se va llenando poco a poco, primero en silencio y después pitando cada vez más fuerte hasta que explota si no quitamos la válvula a tiempo. Tendemos a buscar una causa principal para ese estrés y concentrar en ella todas nuestras energías, pensando que si la resolvemos o minimizamos nuestros problemas quedarán resueltos. Pero la realidad es distinta: las tensiones, preocupación, frustraciones que acumulamos son emociones humanas, no personales o profesionales.

Los problemas del ámbito profesional parecen más fáciles de identificar al ser más tangibles, ser menor la implicación emocional y dar menos miedo ponerse a resolverlos. Sin embargo, asumir que se tiene un problema en el ámbito personal cuesta más trabajo al haber más emociones implicadas y suponer un riesgo aparentemente mayor. Es por eso por lo que muchos nos centramos en los problemas profesionales para evitar mirar hacia nuestra vida personal.

Resolver los problemas de forma aislada suma. El Coaching multiplica. Ayudar al cliente a mirar los problemas con una visión integral, no sólo operativa y centrada en el hacer, sino también humana y con la dimensión del ser es clave para que los resultados sean sólidos.

¿Qué habría pasado con el Titanic si hubieran podido ver lo que escondía el iceberg debajo del agua? Ya nunca lo sabremos.



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