La cara.
Crecer. Crecer. Crecer.
La obsesión por crecer nos puede pasar factura. Crecer en ventas, ganar seguidores, que nos suban el sueldo, superar nuestras marcas deportivas y un sinfín de ejemplos más.
Asociar el éxito al crecimiento puede ser un arma de doble filo. Sobre todo, si se trata de un crecimiento exclusivamente cuantitativo que nos puede llevar, como un canto de sirena, en la dirección equivocada: directos hacia la ansiedad, el aislamiento, la frustración…
La cruz.
El fracaso. ¡Qué miedo nos da!
En muchas ocasiones, tras un tropiezo es difícil ver luz al final del túnel. Ahí es donde entra en juego la perspectiva que puede ayudarnos a ver ese fracaso como un paso más en el camino del crecimiento personal.
Mi madre siempre nos dijo: “no olvidéis que de abajo a arriba se va muy bien, pero hay que estar preparados para caer”. Sabias palabras que procuro tener presentes.
Cuando llega esa caída es fundamental la perspectiva.
El coaching es una gran herramienta para lograrlo y seguir avanzando y evolucionando hacia nuestra mejor versión. Y un buen punto de partida puede ser explorar sobre los aprendizajes de esa experiencia y cómo queremos tenerlos en cuenta en el futuro.
Si sientes que estás cayendo o acabas de caer, respira, mira la foto y busca nuevas respuestas.
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