Principio y final

Dicen que los extremos se tocan y en los últimos años lo compruebo constantemente con dos de las personas más importantes de mi vida: mi sobrina y mi padre. El comienzo y el final de la vida.

Es tremendamente agridulce ver cómo los avances de ella son los retrocesos de él: ella aprende, él desaprende; ella crece, el mengua; ella evoluciona, él involuciona; ella acumula recuerdos, a él se le van borrando; ella aprende nuevas palabras, él ya no las encuentra; ella gana fuerza, él se debilita; los ojos de ella brillan con una intensidad infinita, mientras los de él van perdiendo gradualmente la luz; ella empieza a entender lo que son los límites, para él ya no existen; ella empieza a controlar sus instintos, él ya no puede hacerlo; ella empieza a descubrir la amistad, él disfruta a su manera de los grandes amigos que cosechó siéndolo él; ella va ganando autonomía, él hace mucho que la perdió; ella empieza a vivir, la vida de él hace tiempo que dejó de serlo; ella sonríe con una sonrisa mágica e infinita, la sonrisa de él se ha tornado en una mueca. Ella rebosa vida, él la va perdiendo.

Pero hay algo fundamental que los dos comparten: cada uno busca la satisfacción a su manera y los dos necesitan una sola cosa: que les cuiden, sentirse queridos.

Vivir el deterioro físico y cognitivo de un ser querido por una enfermedad neurodegenerativa es un proceso muy duro al que no queda más remedio que ir adaptándose, intentando no mirar atrás y comparar a la persona que tienes enfrente con la que algún día fue. Cuando voy a visitarle me ayuda ir con la mente abierta, esperando descubrir qué padre me encontraré en cada visita y dispuesta a adaptarme a él y darle lo único que puedo: amor. Así evito añadir sufrimiento pensando en todo lo que ya no puede disfrutar, pensar, hacer o entender. Aunque sus recuerdos se borren, los muchísimos que protagoniza en los míos me acompañarán y reconfortarán durante muchos años, ojalá todos los de mi vida.

El acompañamiento de un coach es muy útil en cualquier proceso de cambio que experimentamos y, especialmente, cuando esos cambios nos tocan de forma muy profunda al afectar a las personas que más queremos. El coach ayuda al cliente a adaptarse, a reenfocar, a rescatar aprendizajes, a sobrellevar las dificultades. En definitiva, a vivir esa dura transición de la mejor forma posible y mirando hacia adelante para seguir creciendo a pesar de lo que la vida nos ponga en el camino.

Y, por supuesto, apoyarse en todo lo bonito que hay alrededor, que es mucho.

Para mí, dos de las cosas más bonitas son mi sobrina y mi padre. Otra vez los extremos se tocan…



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