El beso de Rubiales a Jenni Hermoso y su conducta de cavernícola agarrándose las gónadas en la celebración del mundial han eclipsado el gran logro de nuestra selección femenina y otras noticias de mucho más calado en los últimos días.
Dejo a un lado lo que me inquieta ver que vamos directos hacia el Gran Hermano que anticipaba Orwell en “1984”. La tendencia inquisidora que asusta, llegando incluso a coartar, como paso previo a la censura, el sentido del humor (algo que es sagrado para mí). Esto daría mucho que escribir y no sabría muy bien cómo hacerlo. ¿O me estoy limitando por miedo a resultar políticamente incorrecta?. 🤔
Volviendo al tema del cavernícola. Seguro que éste no ha sido un hecho aislado, sino uno más de los muchos similares o peores que habrá protagonizado este individuo y que habrán tenido que sufrir no sólo las mujeres víctimas directas de su conducta, sino cualquier persona con principios, educación y buen gusto que haya tenido que presenciarlos.
Los elementos como él se comportan así de forma recurrente. Se me revuelve el estómago pensando qué hará cuando crea que nadie le ve si se permite el lujo de comportarse así frente a millones de personas en un evento televisado. Eso sin entrar a valorar si, además de la euforia, no le acompañaba la química.
Pero, para mí la cuestión no es ese beso ni el resto de despropósitos del día de la final. La cuestión es todo lo que se le habrá permitido anteriormente, mirando hacia otro lado y sin haber hecho nada al respecto. Quienes tienen poder sobre él se llevan ahora las manos a la cabeza, pidiendo de paso la suya, cuando estoy segura de que para ninguno de ellos habrá sido una sorpresa. ¡¡Eso es lo más lamentable de este asunto!! Lo hacen sólo y exclusivamente por la notoriedad que ha tenido su comportamiento y por cómo eso puede repercutirles a ellos o a la entidad que representan.
Me entristece muchísimo comprobar como, una vez más, sólo se actúa y se hace escarnio público para evitar quedar en evidencia, para sacar tajada o ambas cosas.
Eso me lleva a pensar en la ética, uno de los valores que siempre procuro tener presentes. Y en concreto en la ética en las empresas.
Las compañías exigen a sus empleados que pasen por cursos, se examinen y se adhieran al código ético. Eso les garantiza poder lavarse las manos si algún empleado, incluyendo los depredadores sexuales, se salta las normas y así proteger el prestigio, la marca y, por ende, la cuenta de resultados.
Pero, ¿cuántas, además de eso, lo hacen realmente por convicción y siendo coherentes con lo que predican? ¿A cuántas les preocupan la ética y el bienestar de sus empleados de forma genuina? Mucho me temo que menos de las que parece y estoy convencida de que queda un gran trabajo por hacer al respecto para pasar del parecerlo al serlo.
En este dilema ético dejo a parte a las víctimas del #acososexual en el ámbito laboral porque sé por propia experiencia que no es fácil tomar la decisión de denunciar. Hacerlo implica, no sólo exponerte al qué dirán y que se ponga en entredicho la vida que llevas, tu forma de vestir o con quién o cómo te relacionas, entre otras muchas cosas, sino arriesgarte a perder tu puesto de trabajo o quedar estigmatizada para los restos en esa compañía y quién sabe si fuera de ella.
En un mundo empresarial en el que la mayoría de los mandos son hombres ¿quién se iba a arriesgar a ser el próximo jefe de “la conflictiva que denuncia”? Sólo aquellos que tengan muchas agallas, una moralidad intachable o las dos cosas. Y, lamentablemente, ésos no abundan.
Podría hablar del cambio cultural y de cómo el #coachingejecutivo ayuda a pasar del dicho al hecho, lo que es bien cierto. Pero, en este caso, sólo quiero compartir mis reflexiones, sin más.
Sé que es un tema controvertido y delicado, pero no puedo olvidar la aterradora frase del protagonista de “1984”: “Podrán cambiar lo que digo pero no lo que pienso”. Pues yo me niego a dejar de decirlo.
Y tú, ¿qué piensas?
ÚLTIMAS ENTRADAS
- Coaching para ver a pesar de las lágrimas
- Despreocupación
- El poder de la Vulnerabilidad
- Lo que de verdad importa
- Ayer y hoy: el viaje de la inexperiencia al equilibrio personal.







Deja un comentario