
Hoy hace un mes que falleció mi padre y aún no me puedo creer que se haya ido.
Además de la tristeza y el vacío infinito que siento, me siento muy afortunada, porque pude estar con él hasta el último día, no sólo durante su enfermedad, sino también cuando estaba bien física y mentalmente.
En 2010, antes de empezar un Programa de Desarrollo Gerencial ‘in company’ en el IE, tuve una entrevista con la responsable de Talento. Me preguntó por mi disposición de cara a una movilidad geográfica y le dije que estaría encantada de irme donde hiciera falta, siempre que no fuera a más de 3 horas de viaje de Madrid. ¿Por qué? Porque mis padres se hacían mayores y no quería estar lejos de ellos. Quería tenerlos y que me tuvieran cerca y poder disfrutar de ellos. No quería perderme las cosas cotidianas: algo tan sencillo como la comida de los domingos. En aquel entonces tenían 68 y 61 años, no eran mayores y estaban bien, pero yo tenía claro que no pensaba renunciar a ellos por un trabajo. Puede que esa condición que puse encima de la mesa hiciera que no contaran conmigo para determinados puestos. Nunca lo sabré. Pero, la verdad, es que no me importa.
Habrá quien tache mi elección como irresponsable y puede que así sea. Pero, a día de hoy, no puedo sentirme más satisfecha de haberlo hecho y estoy convencida de que fue un acierto poner a mis seres queridos por delante.
Comparto esta historia especialmente para aquéllos que estáis viviendo centrados al 100% en vuestras carreras profesionales y dejando el resto “para cuando…”.
¡No esperéis! “El resto” es lo que realmente importa. Ese resto para cada uno puede significar algo diferente o una mezcla de muchas cosas: familia, pareja, hijos, salud, amigos, cultura, ayudar, estudios, deporte, viajar, leer, etc.
Si llegáis a cumplir cualesquiera de esos objetivos profesionales que os habéis propuesto a costa de abandonar todo lo demás, corréis un gran riesgo: cuando lo logréis, os paréis y miréis a vuestro alrededor, es muy probable que os deis cuenta de que ese éxito, sin aquéllos a quienes queréis a vuestro lado para celebrarlo y compartirlo, sin salud, sin bienestar, no significa nada. Y entonces, puede que sea tarde. Ojalá no. Ojalá tengáis tiempo de rectificar. Pero puede que sea tarde y algunos ya no estén.
No escribo esto para instar a la revolución, ni mucho menos. Sólo para invitar a la reflexión sobre la importancia del equilibrio vida personal-vida profesional que, muchas veces, valoramos sólo cuando hemos perdido a nuestros seres queridos, hemos desatendido a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros amigos o hemos dejado de lado nuestra salud y nuestro bienestar, etc. En definitiva, cuando nos hemos alejado de nuestros pilares y de nuestra esencia.
En algún lugar leí que lo importante no es el destino, sino el viaje. Estoy de acuerdo, pero lo mejor del viaje es la compañía de aquéllos que queremos y no perdernos a nosotros mismos por el camino.
ÚLTIMAS ENTRADAS
- Coaching para ver a pesar de las lágrimas
- Despreocupación
- El poder de la Vulnerabilidad
- Lo que de verdad importa
- Ayer y hoy: el viaje de la inexperiencia al equilibrio personal.






Replica a Uve Cancelar la respuesta