Hace unos días tuve la suerte de conocer a Hernán Leal Barrientos, escalador de alta montaña, y poder charlar con él. Me contó su experiencia subiendo el Everest y varios ochomiles más.
Disfruté muchísimo con el relato y le freí a preguntas 🤦♀️ Imagino que no será la primera vez que le pasa y fue súper amable contestándome con todo lujo de detalles.
Como en todo en la vida, hay una cara A (la naturaleza en su máxima expresión, la aventura, la superación, aprender sobre el desapego, la toma de conciencia de lo pequeños que somos, entre otras cosas) y una cara B (los compañeros que no lograron volver 🙏 y a los que tuvieron que dejar allí, los que volvieron ciegos🥹, lo duro de la experiencia física y psicológica, aspectos que te ponen en tu sitio, te marcan de por vida haciéndote crecer y hacen que la experiencia te enriquezca aún más personalmente).
Lo que está claro es que se trata de un gran logro: sólo unas 100 personas en el mundo lo han logrado por la cara Norte (en Tíbet, China) por la que subió él, es decir, el 0.00000125% de la población mundial.
¡Una hazaña excepcional y admirable! 🙌🏻
¿Y qué tiene esto que ver con el Coaching? Pues mucho.
Escalar el Everest es algo impresionante. Pero también lo son los años de duro trabajo y preparación física y psicológica que hay detrás. Tuvo que dar muchos pequeños pasos para ir avanzando y creciendo hasta estar listo para dar el gran paso con éxito.
En mis procesos de Coaching, cuando trabajamos aspectos de crecimiento personal o profesional la evolución es similar: empezar siempre por pequeños pasos, consolidarlos a través de los aprendizajes que se producen al hacerlo e ir abordando mayores retos para evolucionar hacia el objetivo final.
Es apasionante ser testigo y contribuir a esa evolución. Por supuesto, no es tan espectacular como subir al Everest, pero está al alcance de muchas más personas.
En nuestra vida todos afrontamos nuestros Everest personales y un Coach es el sherpa ideal para lograr escalarlos con éxito.
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